Cmdte.- ¿Su padre a qué edad murió?
Junko Watanabe.- Tiene 98 años, está vivo.
Me gustaría prometerles a ustedes, con el motivo de trasmitirles el sentimiento de mi hermano, quien ya murió, y para trasmitirles el mensaje que tienen todos los sobrevivientes, y para que la nueva generación trasmita a la generación siguiente nuestro testimonio, yo voy a seguir dando testimonios. Muchísimas gracias (Aplausos).
Cmdte.- Yo le ruego que me excusen si le hago algunas preguntas, porque es que tenemos interés en que se conozca todo lo que ella está narrando; y, desde luego, si no tiene objeción, nosotros retransmitiremos este encuentro a través de la televisión nacional (Aplausos). Tenemos mucho interés en que nuestra opinión pública conozca todo esto, no solo trasmitirlo aquí, trasmitirlo en otros países, hacerles llegar noticias del encuentro. Es de suma importancia que se conozca todo lo que allí ocurrió, independientemente de lo que se haya publicado, filmado, y todas las cosas nuevas que van apareciendo.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Lo que jamás podrá olvidarse (Segunda parte)
jueves, 2 de abril de 2009
Todo estaba dicho
Anoche tuvo lugar la gran final del Clásico entre los dos colosos asiáticos. El equipo de Estados Unidos brilló por su ausencia. Las multinacionales que explotan el deporte no perdieron nada y ganaron mucho. El pueblo norteamericano se lamenta. Todo estaba dicho
Todo estaba pronosticado. Los japoneses dieron cuenta del adversario, a pesar de que Matsuzaka no estaba en su mejor día. Al primer lanzamiento del juego le conectaron un jonrón por el center. Los habituados al modo tradicionalista de ver ese deporte desde los tiempos de Babe Ruth soñaron, en ese instante, con un diluvio de batazos yankis.
Fue peor todavía cuando Matsuzaka dio una base por bolas y el jugador negro Jimmy Rollins, del equipo norteamericano, bateó un fly entre la segunda y el center que era perfectamente capturable y cayó en el campo por obstrucción nada menos que de Hiroyuki Nakajima, el excepcional shortstop japonés. Le estaba ocurriendo en ese juego al equipo de Japón lo mismo que al de Estados Unidos el día anterior, la ventaja del norteamericano era de 1 carrera al inicio del primer inning.
El manager japonés fue amable con su pitcher abridor, que estaba anunciado con bombos y platillos, no quiso rozarlo ni con el pétalo de una flor. Habló con él, le dio unas palmaditas en la espalda y lo dejó.
Japón era home club y por delante quedaban 27 outs; su famoso pitcher puso el extra y concluyó la entrada.
Comenzó de inmediato el esfuerzo japonés por descontar esa ventaja y en breve tiempo ya tenían 4 carreras por encima de Estados Unidos.
Matsuzaka no era esa tarde el lanzador imbatible. Estuvo solo algunas entradas más y fue sustituido por otro de la excelente colección japonesa de lanzadores, a los que el manager sustituía sin vacilación alguna cuando percibía el más mínimo riesgo. Disponía de reservas para ganar ese encuentro y disponía de todos los necesarios para el juego final del Clásico al día siguiente.
Cada vez que el equipo de Estados Unidos descontaba una carrera de la ventaja japonesa, el manager de Japón buscaba y obtenía rápidamente las necesarias para restablecer el margen de 4 a su favor.
Ichiro Suzuki, el primer bate japonés, había fallado 4 veces ese día, pero cuando hizo realmente falta como siempre, disparó un tubey y la ventaja se elevó a 5, con la que concluyó el juego en el noveno inning.
Al siguiente día, 23 de marzo, 6 y 30 de la tarde, con plena luz del día en Los Ángeles, 9 y 30 de la noche hora de Cuba, se produjo el encuentro final entre Japón y Corea. Esta última era home club y no pudo resistir la tentación de emplear un pitcher que en el Clásico había vencido dos veces al equipo japonés, en juegos de 1 ó 2 carreras, muy veloz, curveador y poco ponchador, que había sido muy estudiado por los especialistas y bateadores japoneses.
Esta vez, al primer lanzamiento, le conectaron un jonrón por el center, copia al carbón del batazo yanki el día anterior. Pésimo comienzo para la otra potencia beisbolera asiática. A pesar de eso, como prueba de la calidad de ambos equipos, se produjo uno de los más reñidos encuentros de peloteros profesionales que podría imaginarse. No se equivocó el manager japonés en la selección de su pitcher.
El abridor japonés, Hisashi Iwakuma, lanzó 7 y dos tercios de innings, varios de ellos con menos de 10 lanzamientos por inning.
En el inning 4 estaba todavía 1 a 0 a favor de Japón.
En el 5 Corea empata con jonrón.
En el 7 Japón conecta 3 hits consecutivos y se van delante 2 a 1.
En el 8 Japón impulsa otra carrera y pone el juego 3 a 1. En la parte final de ese mismo inning Corea anota una carrera y lo coloca 3 a 2.
En el 9 se producen 2 bases por bolas consecutivas por parte del mejor cerrador de Japón Yu Darvish, y cuando faltaban solo 2 strikes para obtener la victoria, un hit coreano empata el juego.
En el décimo, Japón impulsa 2 carreras que deciden su victoria 5 a 3.
Encabezados por el que es, sin duda, el mejor bateador del mundo, Ichiro Suzuki, los japoneses conectaron 18 hits.
Se relata así, en breves líneas, la evolución del encuentro, pero este estuvo lleno de situaciones complejas, espectaculares jugadas ofensivas y defensivas, ponches de gran trascendencia en el juego, que mantuvieron la tensión y la emoción a lo largo de los 10 innings que duró el encuentro.
No soy cronista deportivo. Escribo sobre temas políticos de los cuales no me aparto nunca; por ello es que presto atención al deporte; por eso ayer no salió reflexión alguna relativa al importantísimo encuentro que tendría lugar ese día.
Todo estaba dicho y previsto desde varios días antes. Mis amigos, los reporteros de las agencias cablegráficas occidentales, no tendrán material para resaltar, con mayor o menor énfasis, lo que a juicio de ellos son dificultades vinculadas al socialismo
Fidel Castro Ruz
Marzo 24 de 2009
2 y 53 p.m
Los hechos me están dando la razón
El martes 17 de marzo escribí: "El Clásico fue organizado por los que administran la explotación del deporte en Estados Unidos... " De inmediato añadí: "A los tres mejores equipos del Clásico y las Olimpiadas: Japón, Corea y Cuba, los pusieron en el mismo grupo para que se eliminaran entre sí. La vez anterior nos ubicaron en el grupo latinoamericano, esta vez en el grupo asiático. Los hechos me están dando la razón
"Por ello, en San Diego, entre hoy y mañana, uno de los tres será eliminado irremisiblemente... "
En ese mismo artículo expresé, con relación a los jugadores de la selección de la República de Corea: "Constituyen el adversario principal, porque son también metódicos y batean con más fuerza que los japoneses".
Dos días más tarde, el 19 de marzo expliqué: "En el juego que concluyó hoy casi a las 3 de la madrugada entre los equipos de Japón y Cuba, fuimos inobjetablemente vencidos".
"Dudo sin embargo que algún equipo de Occidente pueda derrotar a Japón y a Corea en el grupo de competidores que jugarán en Los Ángeles los próximos 3 días. Solo uno de los dos países asiáticos con su calidad decidirá quiénes ocuparán el primero y segundo lugares del Clásico."
Respecto a los japoneses ofrecí detalles:
"Los entrenamientos son increíblemente rigurosos y metódicos. Han elaborado métodos técnicos para desarrollar los reflejos que se requieren de cada jugador. Los bateadores le tiran cada día a cientos de lanzamientos... Los pitchers por su parte se ven obligados a realizar cuatrocientos lanzamientos cada día. Si cometen algún error en el juego deben entonces realizar cien lanzamientos más. Lo hacen gustosamente, como un auto castigo... Es por ello que sus lanzadores asombran por su capacidad de ubicar las bolas en los puntos exactos que deciden. Aplican métodos similares a cada una de las actividades que debe realizar cada atleta en las posiciones que defiende y en sus actividades como bateador."
"Con características similares se desarrollan los atletas del otro país asiático: la República de Corea, convertida ya en poderosa potencia del béisbol profesional mundial."
Los hechos han venido ocurriendo exactamente así:
Ayer, pasadas las 12 y 30 de la noche, hora de Cuba, el equipo de Corea venció 10 a 2 al equipo de Venezuela, a pesar de la magnífica calidad profesional de esa selección. No tenían posibilidad de vencer frente a la metodología sofisticada de preparación y el rigor coreanos.
Pudo ahorrársele al abridor venezolano, Carlos Silva, una innecesaria humillación cuando, después de base por bola al primer bateador y dos errores consecutivos de la defensa, le conectaron tres hits seguidos, poniendo el marcador uno a cero y las bases llenas, sin out, en el primer inning. Los coreanos estaban descifrando los lanzamientos de Silva y debió ser sustituido sin vacilación. Le conectaron un jonrón con tres en base que dio a Corea la ventaja de 5 a 0 en el propio primer inning. Con un equipo como el del país asiático, en ese inning el juego estaba ya decidido, aunque es justo señalar que la selección de Venezuela luchó y no se desmoralizó a lo largo del partido. Al final su objetivo era solo evitar el marcador de knockout.
El juego de esta noche entre Japón y Estados Unidos es un partido de mero trámite.
El lunes los espectadores, dentro y fuera de ese país, podrán apreciar el encuentro entre las dos potencias asiáticas del béisbol profesional.
Muy duro será el camino para restablecer de nuevo la primacía de Cuba en esa actividad deportiva, donde el patriotismo, el orgullo nacional y nuestra lucha por el deporte sano y educativo alcanzó las más altas cimas.
Muchas son las lecciones que debemos derivar del último Clásico.
Fidel Castro Ruz
Marzo 22 de 2009
1 y 54 p.m.
Los culpables somos nosotros
En el juego que concluyó hoy casi a las 3 de la madrugada entre los equipos de Japón y Cuba, fuimos inobjetablemente vencidos. Los culpables somos nosotros
Los organizadores del Clásico decidieron que los tres países que ocupan los primeros lugares en el béisbol mundial se enfrentaran entre sí en San Diego, al incluir arbitrariamente a Cuba en el grupo asiático, a pesar de lo caribeños que somos.
Dudo, sin embargo, que algún equipo de Occidente pueda derrotar a Japón y a Corea en el grupo de competidores que jugarán en Los Ángeles los próximos 3 días. Solo uno de los dos países asiáticos con su calidad, decidirá quién ocupará el primero y segundo lugares del Clásico.
Lo que importaba a los organizadores era eliminar a Cuba, país revolucionario que ha resistido heroicamente y no ha podido ser vencido en la batalla de las ideas. No obstante, volveremos un día a ser potencia dominante en ese deporte.
El excelente equipo que nos representó en el Clásico, integrado en su mayoría por atletas jóvenes, es sin duda una genuina representación de los mejores atletas de nuestro país.
Lucharon con gran coraje, no se desmoralizaron ni dejaron de buscar la victoria hasta el último inning.
La alineación, sugerida desde Cuba por los organismos rectores con asesoramiento de expertos, era buena e inspiraba confianza. Ofensiva y defensivamente era fuerte. Se contaba con una buena reserva de pitchers calificados y fuertes bateadores, si las circunstancias cambiantes de un partido lo requerían. Aplicando los mismos conceptos se venció y dominó al poderoso equipo mexicano.
Debo señalar que la dirección del equipo en San Diego fue pésima. Prevaleció el viejo criterio de los caminos trillados, con un adversario capaz que constantemente innova.
Debemos sacar las lecciones pertinentes.
El béisbol es hoy, entre todos los deportes, el más capaz de originar expectación por la enorme variedad de situaciones que pueden surgir y el papel específico de cada uno de los 9 hombres que integran el cuadro. Se abre paso en todas partes como espectáculo realmente emotivo. Aunque los stadiums se llenen de fanáticos, nada es comparable a las imágenes que captan las cámaras. Parece haber sido ideado para transmitir el béisbol por ese medio.
La televisión multiplica el interés al pormenorizar los detalles de cada acción. Logra hasta la posibilidad de ver la costura y la rotación de un lanzamiento a 100 millas de velocidad, la bola que rueda a lo largo de la línea blanca o la llegada al guante del defensor una décima de segundo antes o después de que el pie del corredor pise la base. No recuerdo otro deporte que compita con esa variedad de situaciones, excepto el ajedrez, en que la actividad deja de ser muscular para convertirse en intelectual, imposible de televisar.
En Cuba, donde se practican casi todos los deportes y éstos cuentan con numerosos aficionados, la pelota se ha convertido en una pasión nacional.
Nos hemos dormido sobre los laureles y estamos pagando ahora las consecuencias. Corea y Japón, dos países bien distantes geográficamente de Estados Unidos, han invertido abundantes recursos económicos en ese deporte importado o impuesto.
El desarrollo de tal actividad deportiva en esas dos naciones asiáticas obedece a las peculiares características de las mismas. Sus habitantes son laboriosos, abnegados y tenaces.
Japón, país desarrollado y rico, con más de 120 millones de habitantes, se ha consagrado al desarrollo del béisbol. Como todo bajo el sistema capitalista, el deporte profesional es un gran negocio, pero la voluntad nacional ha impuesto normas rigurosas a sus jugadores profesionales.
Jugadores cubanos que han laborado en Japón conocen bien las normas que han impuesto. Los salarios que se pagan a los profesionales de las Grandes Ligas en EE.UU., son lógicamente mucho más altos que en Japón, país que por su parte posee la liga profesional más poderosa después de EE.UU. A ningún jugador profesional japonés se le permite pasar a las Grandes Ligas de EE.UU. u otro país extranjero si no labora 8 años en los equipos de la liga nacional japonesa. Por ello, ninguno de los miembros de su equipo internacional posee menos de 28 años.
Los entrenamientos son increíblemente rigurosos y metódicos. Han elaborado métodos técnicos para desarrollar los reflejos que se requieren de cada jugador. Los bateadores les tiran cada día a cientos de lanzamientos procedentes de zurdos o derechos. Los pitchers, por su parte, se ven obligados a realizar cuatrocientos lanzamientos cada día. Si cometen algún error en el juego, deben entonces realizar cien lanzamientos más. Lo hacen gustosamente, como un autocastigo. Van adquiriendo de esa forma un control muscular notable, que obedece órdenes del cerebro. Es por ello que sus lanzadores asombran por la capacidad de ubicar las bolas en los puntos exactos que deciden. Aplican métodos similares a cada una de las actividades que debe realizar cada atleta en las posiciones que defiende y en sus actividades como bateador.
Con características similares se desarrollan los atletas del otro país asiático: la República de Corea, convertida ya en poderosa potencia del béisbol profesional mundial.
Los asiáticos no son tan fuertes físicamente como sus rivales occidentales. Tampoco son tan explosivos. Pero la fuerza no es suficiente para vencer los reflejos que han desarrollado sus jugadores; ni la explosividad por sí sola puede compensar la metodología y sangre fría de sus atletas. Corea ha tratado de buscar hombres corpulentos, capaces de batear con más fuerza.
Nuestras esperanzas se basaban en la consagración patriótica de nuestros atletas y el fervor con que defienden su honor y su pueblo, a partir de una cantera varias veces e incluso decenas de veces menor en recursos humanos, comparado por ejemplo, con Japón, descontando de esos recursos los débiles de conciencia que se dejan sobornar por nuestros enemigos. Pero no basta para mantener nuestra supremacía en la pelota. Hay que aplicar métodos más técnicos y científicos en el desarrollo de nuestros deportistas. La excelente base educacional y deportiva de nuestro país lo permite.
Disponemos en la actualidad de suficientes lanzadores y bateadores jóvenes con magníficas cualidades deportivas. En dos palabras, hay que revolucionar los métodos de preparación y desarrollo de nuestros atletas, no solo en la pelota, sino en todas las disciplinas deportivas.
Nuestro equipo nacional debe regresar en las próximas horas. Recibámoslos con todos los honores que merece su ejemplar conducta. Ellos no son responsables de los errores que los condujeron al resultado adverso.
Los culpables somos nosotros, que no supimos corregir a tiempo nuestros errores.
Fidel Castro Ruz
Marzo 19 de 2009
2 y 58 p.m.
miércoles, 11 de marzo de 2009
La crítica justa y constructiva
Trato de seguir las incidencias del Clásico deportivo, gracias a los servicios de nuestra televisión nacional.
El juego entre los equipos de Japón y Corea del Sur, los dos más fuertes rivales de Cuba, que tuvo lugar hoy lunes por la mañana, estaba 1 a 0 a favor de éste, cuando a Japón le quedaban solo dos oportunidades al bate.
El peligroso y emblemático Ichiro, que había fallado tres veces, conecta un sencillo.
La dirección japonesa ordena un toque de bola al segundo bateador —sin duda bueno— del equipo, entregando así el out dos.
Estoy seguro de que a nuestra experimentada afición le pareció aquello un error, a partir de cualquier análisis elemental.
El equipo japonés es excelente, me gustaría que nuestra victoria en el Clásico se alcanzara a costa de ese conjunto de gran maestría técnica.
Ello no se logrará si caemos en descuidos como los que ayer domingo 8, observé por la tarde entre Cuba y Sudáfrica.
Olivera y Paret se dejaron sorprender los dos, en primera base, y Michel Enríquez regaló un out con el avance irracional a segunda, después de batear hit, agitado tal vez demasiado en el corrido de base por la dirección del equipo.
Como se pudo apreciar, ese juego se habría ganado por knockout en siete innings, con 6 jonrones, dos de Cepeda, un récord en los Clásicos. Eso habría elevado el merecido prestigio del deporte cubano.
Me permito hacer la crítica porque se trata de tres atletas extraordinarios, con enorme vergüenza y confianza en sí mismos.
Ellos saben que representan el deporte sano en esa lid mundial. Debo expresarlo con honestidad y admiración.
La crítica justa y constructiva
