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miércoles, 17 de septiembre de 2008

El papel de bueno, ¿a costa de quién?

Cuando el gobierno de Estados Unidos ofreció hipócritamente 100 mil dólares como ayuda frente a la catástrofe ocasionada por el huracán Gustav previa inspección in situ para comprobar daños, se le respondió que Cuba no podía aceptar donación alguna del país que nos bloquea; que ya habían sido calculados los daños y lo que reclamábamos era que no se prohibiera la exportación de los materiales indispensables y los créditos asociados a las operaciones comerciales.

Algunos en el Norte se desgañitaron gritando que era inconcebible el rechazo de Cuba.

Cuando el Ike pocos días después azotó el país desde Punta de Maisí al Cabo de San Antonio, los vecinos del Norte fueron un poco más hábiles. Dulcificaron el lenguaje. Hablaron de aviones listos para partir con productos por valor de cinco millones de dólares; que no sería necesario evaluar, porque ya lo habían hecho por sus propios medios, que no pueden ser otros que los de espiar a nuestro país. Esta vez sí que pondrían en aprietos a la Revolución ―pensaban―; si se atrevían a rechazar la oferta, se buscarían problemas con la población. Tal vez se creyeron que nadie había visto las imágenes divulgadas por la televisión de Estados Unidos cuando las fuerzas de ocupación de la ONU repartían alimentos en Haití a la población hambrienta que se los disputaba a través de una cerca de alambres de púa, dando lugar incluso a niños heridos.

El hambre en ese país es fruto del saqueo histórico y despiadado de los pueblos. Allí mismo, en Gonaïve, nuestros médicos arriesgaban su vida asistiendo a la población de esa ciudad, así como lo hacen en casi el ciento por ciento de los municipios de esa nación. Esa cooperación prosigue allí como en decenas de naciones del mundo, a pesar de los huracanes. A la nueva y astuta Nota, se le respondió categóricamente: "nuestro país no puede aceptar una donación del gobierno que nos bloquea, aunque está dispuesto a comprar los materiales indispensables que las empresas norteamericanas exportan a los mercados, y solicita la autorización para el suministro de los mismos, así como de los créditos que son normales en todas las operaciones comerciales.

"Si el gobierno de Estados Unidos no desea hacerlo definitivamente, el de Cuba solicita que al menos lo autorice durante los próximos seis meses, en especial si se toman en cuenta los daños ocasionados por los huracanes Gustav e Ike, y que aún faltan los meses más peligrosos de la temporada ciclónica."

No se hacía con altanería, porque no es el estilo de Cuba. En la propia Nota se puede apreciar cómo se expresaba con modestia la idea de que nos bastaba con que se suspendiera la prohibición por un limitado período de tiempo.

El secretario de Comercio de Estados Unidos, Carlos Gutiérrez, descartó el viernes 12 que se levantara de forma temporal el bloqueo.

Es obvio que el gobierno de ese poderoso país no puede comprender que la dignidad de un pueblo no tiene precio. La ola de solidaridad con Cuba, que abarca a países grandes y pequeños, con recursos y hasta sin recursos, desaparecería el día en que Cuba dejara de ser digna. Se equivocan rotundamente los que en nuestro país se disgusten por ello. Si en vez de cinco millones fuesen mil millones, se encontrarían la misma respuesta. El daño en miles de vidas, sufrimientos y más de 200 mil millones de dólares que han costado el bloqueo y las agresiones yanquis, no pueden pagarse con nada.

En el informe oficial parcial se le explicó al pueblo que en menos de diez días el país había sido afectado en más de cinco mil millones de dólares. Pero también se explicó que esas cifras eran a precios históricos y convencionales, que nada tenían que ver con la realidad. No debe ser olvidada nunca la explicación bien clara de que "los cálculos de las pérdidas en viviendas son sobre la base de precios históricos y convencionales, y no los valores reales a precios internacionales. Baste señalar que para disponer de una vivienda duradera que resista los más fuertes vientos, se requiere un elemento indispensable que escasea mucho: la fuerza de trabajo. Esta se necesita lo mismo para una reparación temporal que para una construcción duradera. Dicha fuerza hay que repartirla en todos los demás centros de producción y servicios, algunos significativamente dañados, por lo que el valor real de una vivienda en el mundo y la amortización de la inversión correspondiente es muchas veces mayor."

El golpe de la naturaleza fue contundente, pero también es alentador conocer que no habrá tregua ni descanso en nuestra lucha.

La crisis económica que golpea a Estados Unidos, y como consecuencia a los demás pueblos del mundo, no tiene respuesta definitiva; en cambio, sí la tienen los desastres naturales en nuestro país y todo intento de poner precio a nuestra dignidad.

 

Fidel Castro Ruz

Septiembre 16 de 2008

7 y 54 p.m.

 


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jueves, 11 de septiembre de 2008

Carta del compañero Fidel a Randy Alonso, director del programa informativo “Mesa Redonda”

Querido Randy:

La Mesa Redonda de ayer fue especialmente interesante y muy valiosa la información. Es una lástima que a esa hora la isla entera estuviese sin electricidad, desde la Punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio. Solo algunas casas familiares, que resisten fuertes vientos, del Reparto "Camilo Cienfuegos", tenían luz. Allí llegaba el cable soterrado conectado con el grupo electrógeno del Hospital "Luis Díaz Soto".

Cuando esa vital energía de nuestra época está ausente, todo falta y nada funciona. Nos hace añorar el día en que todas las viviendas capaces de resistir huracanes, de las que hablé hace unos días, reciban electricidad por vía soterrada. Desgraciadamente, eso llevará tiempo y grandes gastos.

Por un segundo imaginé qué habría sido de los habitantes de nuestra isla ante un desastre natural como el que acaba de ocurrir, sin la Defensa Civil y los puntos vitales de servicios a la población, como hospitales, policlínicos, panaderías, centros de información y otras actividades similares, no hubiesen dispuesto de energía eléctrica.

Las imágenes de hogares e instalaciones destruidas, las cosechas arruinadas, los árboles derribados, los ríos desbordados, las casas invadidas por las aguas en territorios llanos, personas arrastradas por la fuerza de las corrientes rápidas de agua y salvadas con desesperados esfuerzos, eran desoladoras. Pienso que deberían retransmitirse en el futuro algunas de ellas para que los que tenían sus televisores apagados las puedan presenciar.

No debieran olvidarse nunca las escenas de los hombres de las Fuerzas Armadas y sus tropas especializadas llevando a cabo misiones de ayuda y de apoyo a la población y a las víctimas. Impresionaban las acciones del Cuerpo de Bomberos arriesgando la vida, en peligrosas corrientes de agua, para ayudar a sus compatriotas.

Hace falta entrenamiento riguroso y valentía para cumplir esas tareas. Solo en circunstancias excepcionales se conoce que esos hombres existen y se preparan en silencio para los momentos críticos. Confieso que fueron emocionantes las escenas en que José Ramón Machado Ventura y Ramón Espinosa Martín, Primer Vicepresidente del Consejo de Estado y Jefe del Ejército Oriental, respectivamente, curtidos por la lucha, junto a compañeros más jóvenes, presidentes de los Consejos de Defensa, visitaban sin descanso los lugares más golpeados e indicaban de inmediato las medidas a tomar. Otro tanto ocurría con otros altos dirigentes del Partido, junto a Joaquín Quinta Solá, ex Jefe del Ejército Central y actual Viceministro de las FAR y Leopoldo Cintra Frías, Jefe del Ejército Occidental, y los presidentes de los Consejos de Defensa en provincias y municipios visitados.

Vi con más claridad que nunca el valor de los símbolos. Las banderas cubanas brillaban como nunca antes sobre los hombros de los cuadros del Partido, fuesen mujeres u hombres, en la hora de la prueba difícil. Son los factores subjetivos sin los cuales todo estaría perdido y sin los cuales no sería posible la victoria.

El trabajo de los reporteros que no dormían ni descansaban, desafiando a veces lluvias y vientos, ha sido excelente, informando al país de los acontecimientos, transmitiendo verdades, ejemplos y experiencias que nos hacen sentir que somos parte de una comunidad nacional intervinculada con todos los habitantes del planeta. Los pueblos nos hacen llegar sus mensajes de solidaridad, aunque gran parte sufre de la pobreza y los azotes de la naturaleza que las sociedades de consumo y sus tecnologías sofisticadas están conduciendo a un punto incompatible con la propia supervivencia humana.

Vendrá ahora el análisis de los factores objetivos, el uso racional y óptimo de los recursos materiales y humanos; qué debe hacerse en cada lugar concreto, dónde debe o no invertirse; qué hacer con cada centavo; responder a cada pregunta de lo que debe hacerse en situaciones de emergencia y en circunstancias de normalidad en que todo vuelve a su cauce, agua y aire, y la vida normal de niños, adolescentes y adultos sigue adelante, preparados siempre para luchar y vencer sin desanimarnos jamás ante las adversidades de hoy o de mañana.

¡Nuestro deber es vencer!

Fidel Castro Ruz

Septiembre 10 de 2008

12 y 14 p.m.


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martes, 9 de septiembre de 2008

Asediados por los huracanes

No nos habíamos repuesto todavía del impacto emocional y los daños materiales ocasionados por el huracán Gustav en la Isla de la Juventud y Pinar del Río, con vientos de fuerza inusitada, cuando comenzaban a llegar noticias de las invasiones del mar por el Hanna, y la peor de todas: que el huracán de gran intensidad Ike, girando hacia el suroeste debido a la presión de un fuerte anticiclón al norte de su trayectoria, batiría más de mil kilómetros a lo largo y ancho del territorio nacional.

esto significa finalmente que todo el país será afectado por los tres huracanes, y en algunos puntos, dos veces.

¿Dónde quedarán un racimo de plátanos, una fruta o los vegetales de un huerto intensivo? ¿Dónde un cultivo de frijoles y otros granos? ¿Dónde un campo de arroz o caña? ¿Dónde un centro de producción avícola, porcina o lechera? Toda la nación ahora está en lo que en guerra se llama alarma de combate.

Los problemas planteados en la reflexión que calificaba al Gustav de golpe nuclear se han multiplicado. Los principios que deben guiar nuestra conducta siguen siendo iguales, sólo requieren esfuerzos incomparablemente mayores.

La Defensa Civil no perdió un minuto. Los que ostentan responsabilidades en el Partido y el Gobierno se han movido en todas partes. Los cuadros deben exigir disciplina, contener emociones y ejercer autoridad. La televisión, la radio y la prensa escrita asumen una gran responsabilidad en el ejercicio de sus tareas informativas.

El mundo ha observado con admiración la conducta de nuestro pueblo frente a los azotes de Gustav. Mientras los enemigos se frotaban cínicamente las manos, los amigos, como se ha evidenciado, son muchos y están decididos a cooperar con nuestro pueblo. Las semillas de solidaridad sembradas durante largos años fructifican por todas partes. Aviones rusos y de otros países llegaron rápido desde miles de kilómetros de distancia con productos que se miden no por su volumen o su precio, sino por su significado. Donaciones de pequeños Estados como Timor Leste, mensajes de países importantes y amistosos como Rusia, Viet Nam, China y otros, expresaron la disposición de cooperar todo lo posible en los programas de inversión que debemos acometer de inmediato para restablecer la producción y desarrollarla.

La hermana República Bolivariana de Venezuela, y su presidente Hugo Chávez, han adoptado medidas que constituyen el más generoso gesto de solidaridad que ha conocido nuestra patria.

Pienso que por duros que sean los golpes recibidos y por recibir, nuestro país está en condiciones de salvar vidas de cubanos, y las familias recibirán ayuda material y alimentaria el tiempo necesario hasta que se recupere en el más breve plazo posible la capacidad de producir alimentos. Esa ayuda no puede ser igual en todos los municipios, porque no en todos son iguales los daños ni igual el tiempo que cada uno requiera para recuperarse.

Estamos asediados en este instante por los huracanes. Más que nunca se impone la racionalidad y la lucha contra el derroche, el parasitismo y el acomodamiento. Hay que actuar con absoluta honestidad, sin demagogia ni concesión alguna a la blandenguería y el oportunismo. Los militantes revolucionarios tienen que ser ejemplo. Deben dar y recibir confianza. Entregarlo todo por el pueblo, hasta la vida si fuera necesario.

Fidel Castro Ruz
Septiembre 7 de 2008
5 y 29 p.m.

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