Mostrando entradas con la etiqueta Cangamba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cangamba. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de octubre de 2008

La verdad en batalla y el libro de Martín Blandino (Segunda Parte)

La intensidad de las acciones del reducido grupo de pilotos de los MiG-21 la expresa así el autor:
"Por mucha discreción que se exija a quienes integran los Estados Mayores y las dotaciones de los puestos de mando, siempre se filtra algo de una acción de guerra que ya dura más de ocho días y ha mantenido en máxima tensión a cientos de hombres y mujeres a ambos lados del océano.
"Cómo ocultar, por ejemplo, el ruido atronador de 239 despegues de aviones de combate a reacción e igual cifra de aterrizajes —más de 50 diarios—, aunque tan alta cifra de misiones haya sido cumplida por solo nueve pilotos, que han permanecido en el aire un promedio de dos horas y media cada uno de los días de combate, incluido uno que ha cumplido casi cuatro misiones diariamente, lo que significa haber volado durante 3 horas y 45 minutos en una tras otra de esas tensas jornadas."
"Qué método puede garantizar que permanezca oculto el desplazamiento de los miles de hombres que integran las columnas blindadas de refuerzo. Cómo lograr que resulte invisible la marcha de los alrededor de 200 carros que componen cada una de ellas, incluidos tanques, artillería y transportadores blindados, a lo largo de cientos de kilómetros hacia Munhango, Tempué, Luena y otros lugares, desde Huambo, Menongue y otros puntos de la extensa geografía angolana."
La columna blindada de Huambo, que se dirigía a Cangamba, y recibió posteriormente, al cesar el cerco, instrucciones de girar hacia la izquierda en dirección a Luena, informa por radio al mando "que están sin combustible". Como el libro revela, "se le indica a esta y a la de Menongue que no se muevan del lugar donde se encuentran y tomen las medidas de seguridad hasta que sean reabastecidas. Se adopta la decisión de que los helicópteros les lleven ese importante suministro. Como siempre, se dificulta mucho localizar la columna. Las naves llevan un buen rato volando sin encontrar el menor vestigio. Por fin se ubica el lugar por medio de unas sábanas extendidas sobre los árboles."
El coronel Calvo comunica: "Salen 6 helicópteros de Luena hacia Munhango, unos 25 kilómetros al sur de Luena, a llevar 42 bidones de gasolina, más o menos unos 10 mil litros, para la columna de Sotomayor. En el aterrizaje, se rompen las palas del H-08. También posteriormente parten hacia la región de Tempué a localizar la columna de Suárez, llevarle documentos y sacar a tres heridos que tienen."
La columna blindada de Suárez, que había partido de Menongue hacia Cangamba, se encontraba a gran distancia de Luena, de donde salen los helicópteros que llevaban el combustible. Es un viaje largo, dada la extensión de Angola, cuya superficie compacta abarca aproximadamente casi once veces la de Cuba. Era el territorio donde el asesor soviético, aconsejaba lanzar una ofensiva con la brigada de asalto cubana, dando lugar a la contradicción surgida.
"Minutos después de la medianoche, cuando ya es sábado 13 de agosto en Luanda, se comunica a Cuba el cabal cumplimiento de la orden de evacuar hasta el último internacionalista cubano de Cangamba. El alto mando de las FAR ratifica la decisión de que la columna de Huambo continúe su marcha hacia Luena, y que la de Menongue regrese a esa ciudad" (importante baluarte del Frente Sur).
"Coronel Calvo:
"También es mi cumpleaños y recibo temprano un beso que me envía mi familia —por telepatía—. En horas de la tarde, me regalan una botella de vino y otra de ron, festejamos el cumpleaños del Comandante (era el mismo día) y de paso el mío también".
El autor continúa explicando:
"Pero para los pilotos y los integrantes de las columnas blindadas, aún están lejos de concluir las acciones. Dos helicópteros despegan cargados con 14 bidones de gasolina, unos 2 800 litros, destinados a la columna de Menongue, que ya inició la marcha de regreso a esa ciudad. Una vez cumplido ese primer vuelo, ponen rumbo hacia el aeropuerto de Menongue para desde allí continuar abasteciendo de combustible. También otros cuatro Mi-8 despegan de Luena con rumbo a Munhango, cargados con otros 5 600 litros de gasolina. Su misión es reabastecer a la columna de Huambo, que ahora se dirige a reforzar a las tropas que defienden la ciudad de Luena.
"Sobran razones para todas estas medidas, pues la inquietud sigue presente en el mando cubano. Las autoridades angolanas, al parecer, han decidido, al menos por ahora, no evacuar a sus tropas de Cangamba, y el riesgo de que el enemigo ataque nuevamente sigue presente, tanto a la aldea como a las columnas que aún se desplazan por peligrosos itinerarios."
En la descripción detallada de los sucesos de Cangamba, partiendo de los testimonios y documentos, bajo el epígrafe "La apreciación se confirma", el autor nos lleva a las horas más tensas de aquellos días:
"Aún falta para la salida del sol en Angola. Es domingo 14 de agosto. En Luanda el reloj marca las 04:45 horas, y los combatientes de guardia en el Centro de Comunicaciones de la jefatura de la Misión Militar cubana permanecen sumidos en el sopor que acompaña el amanecer de quienes han pasado la noche en vela. La entrada de un mensaje procedente de La Habana, donde todavía son las 23:45 horas del día anterior, disipa rápidamente la modorra de los ocupantes del local atestado de medios técnicos.
"Paulatinamente, el texto cifrado va haciéndose inteligible. Su contenido está dirigido al general de división Leopoldo Cintra Frías y contiene precisas instrucciones del Comandante en Jefe: ‘Estar preparados para brindar apoyo aéreo a las FAPLA en Cangamba’. Si los angolanos deciden por fin retirarse, ayudarlos con los helicópteros. Fidel alerta que el enemigo sufrió grandes pérdidas, pero no hay que confiarse: ‘Hemos cumplido nuestro deber y actuado y aconsejado lo correcto’."
Al amanecer de ese domingo, 8 aviones de bombardeo sudafricanos hicieron caer sus mortíferas cargas sobre las posiciones que habían estado ocupando las fuerzas angolanas y cubanas en Cangamba. De nuevo se producía la intervención directa del régimen del apartheid en Angola. Los yanquis y sus aliados sudafricanos no se resignaban a la desastrosa derrota. Los MiG 21 y los radares más cercanos estaban a 400 kilómetros.
"Coronel N’gongo (Jefe Adjunto del Estado Mayor de las FAPLA):
"Una vez derrotados los fantoches, los sudafricanos se ven obligados a intervenir directamente en el combate. Es así como las fuerzas racistas sudafricanas, con cuatro aviones tipo Canberra y cuatro aviones tipo Impala MK-2 destruyen completamente la población de Cangamba."
"Teniente coronel Henry:
"¼ nosotros ganamos la batalla en Cangamba, los pilotos teníamos previsto incluso hacer un desfile aéreo con todos los hierros, pasar con los aviones por allí, y Fidel dice: ‘¼ no quiero a nadie allí, ni cubanos ni FAPLA’. Tengo que reconocer que cumplimos por disciplina, por confianza en el Comandante en Jefe, pero realmente en ese momento no entendíamos¼ "
"Coronel Escalante:
"¼ es verdad que el Comandante en Jefe, o es mago o tiene una bola de cristal¼ Manda a evacuar Cangamba urgente y poco después una escuadrilla de Impalas y otra de Canberras ¡le han metido una clase de bombardeo a aquello! Él prevé que los sudafricanos, precisamente teniendo en cuenta la derrota que ha sufrido la UNITA, van a bombardear allí. Nosotros en la Misión decimos: ¡Coño, la verdad es que el Comandante en Jefe ha tomado una clase de decisión!"
"General de división Leopoldo Cintra Frías:
"A veces uno piensa que el Jefe es adivino. Si llegan a estar los cubanos allí, nos hubiéramos enfrascado otra vez en un combate aún más prolongado y en peores condiciones para nosotros, porque el abastecimiento se hubiera hecho todavía más difícil."
Estas opiniones eran emitidas en un momento en que las tensiones se relajaban, tras los días inciertos y dramáticos de la batalla, pero ninguno de aquellos jefes dejó de cumplir con absoluta disciplina, eficiencia y seriedad, las instrucciones recibidas. Es totalmente cierto que en los momentos difíciles, si no hay confianza en los que dirigen, nada marcha.
Amels Escalante, que es también investigador sagaz y profundo, 20 años más tarde, describió con absoluto rigor la batalla del Jigüe, donde 45 años antes, en el mes de julio de 1958, alrededor de 120 hombres, casi todos reclutas de la escuela de Minas del Frío bajo el mando de diez o doce jefes veteranos de nuestra guerra en la Sierra Maestra, combatiendo durante diez días ocasionaron al ejército enemigo y sus refuerzos tres bajas por cada combatiente que participó en la acción y ocuparon cientos de armas. Amels había logrado, con el mismo método de Jorge Martín Blandino, más detalles que yo del desarrollo de aquella batalla.
En su libro Cangamba, Martín Blandino ilustra con detalles:
"Entre el 18 y el 23 de agosto de 1983, tan solo unos días después de la evacuación de los asesores cubanos de Cangamba, parten hacia Angola desde los puertos de Santiago de Cuba, Matanzas y Mariel, los buques Donato Mármol, Ignacio Agramonte y Pepito Tey. Se repite así, en otras circunstancias, la proeza de 1975. En las bodegas de estas naves mercantes, ocultos a los medios de inteligencia del enemigo, viajan hacia el país africano tres batallones de tanques y uno de infantería motorizada. A ese primer paso le siguen pronto muchos otros en el plano militar, político y diplomático, hasta situar a las FAPLA y al contingente internacionalista cubano en condiciones de derrotar la nueva escalada del agresor extranjero y sus aliados del patio.
"Todo ello ocurre, además, en momentos en que Cuba enfrenta la posibilidad de una agresión militar directa en gran escala por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos, cuando el país está inmerso en el gigantesco esfuerzo que significa instrumentar la concepción de la guerra de todo el pueblo, ante las constantes amenazas de la administración norteamericana de Ronald Reagan¼ "
¿Cómo se precipitaron los acontecimientos que expone el investigador?
Desde Cuba vimos bastante rápidamente por elemental lógica las intenciones del enemigo, a medida que se desarrollaban los combates, e íbamos adoptando las medidas pertinentes de respuesta. La primera de todas, cuando llegaron noticias del cerco a la 32 brigada y sus asesores, fue decidir el rápido regreso a Angola del Jefe de la Misión Militar, general de división Leopoldo Cintra Frías, veterano de la Sierra Maestra, consagrado simpatizante de las FAPLA, que había viajado a Cuba en ese momento. "Hay que rescatar a toda costa aquellas fuerzas", fue la orden que recibió.
La Brigada de Desembarco y Asalto (así se llamaba entonces) fue enviada por aire al país sistemáticamente agredido por Sudáfrica.
Ya expresé que durante años habíamos estado sufriendo las consecuencias de la impunidad que gozaba el régimen fascista del apartheid, que había sido derrotado en su agresión a la República Popular de Angola. Expliqué igualmente a la Dirección soviética las razones y los puntos de vista sostenidos por Cuba.

Fidel Castro Ruz
Octubre 12 de 2008
5 y 23 p.m.

Share/Save/Bookmark

LEER MÁS

sábado, 11 de octubre de 2008

La verdad en batalla y el libro de Martín Blandino (Primera Parte)

Toda la prensa internacional habla del huracán económico que azota al mundo. Muchos lo presentan como un fenómeno nuevo. Para nosotros no es nuevo, estaba previsto. Prefiero abordar hoy otro tema actual de gran interés también para nuestro pueblo.

Cuando escribí la reflexión sobre Cangamba, no conocía el magnífico libro del periodista e investigador cuyos apellidos consigno en el título de esta que ahora publico; había visto únicamente el filme Kangamba, que tan emotivos recuerdos removió en mí. Una y otra vez rememoraba la frase: ¡Los que cayeron en Cangamba no murieron en vano!

Era el mismo propósito que inspiraba mi mensaje, el 12 de agosto de 1983, al Jefe de la Misión Militar cubana en Angola.

Al amanecer, el enemigo se había retirado del campo de batalla, donde el número de sus efectivos ascendía a más de 3 mil hombres armados y asesorados por los racistas sudafricanos, que desde el 2 de agosto venían atacando día y noche las trincheras, ocupadas por alrededor de 600 angolanos de la 32 brigada FAPLA y 84 internacionalistas cubanos, más un refuerzo de 102 hombres enviados desde la región militar de Luena. Luchaban allí sin descanso angolanos y cubanos privados de agua y alimentos, habiendo sufrido 78 bajas mortales y 204 heridos, de ellos 18 muertos y 27 heridos eran cubanos. Al iniciar la retirada, los atacantes perdieron casi todas sus armas y municiones y sufrieron grandes bajas. Las dos mejores brigadas de la UNITA fueron puestas fuera de combate.

El libro de Jorge Martín Blandino se publicó el año 2007, cuando por razones de salud yo no estaba ya en la primera línea. Fue fruto de una larga investigación y de conversaciones con muchos de los que fueron protagonistas de los hechos, así como de la consulta de 34 libros que abordan el tema, algunos de ellos escritos por “oficiales sudafricanos de la época del apartheid” o personas que, engañadas, fueron colaboradoras de la UNITA.

En uno de los más interesantes capítulos se afirma:

“Esa noche, cuando el reloj marca las 14:00 horas en La Habana y las 19:00 en Luanda, se conversa una vez más con la Misión Militar de Cuba en Angola. Concluido el intercambio por vía telefónica, de inmediato se envía el cable que da forma legal a las indicaciones impartidas, las cuales reafirman la decisión tomada anteriormente: evacuar de manera urgente a todos los cubanos de Cangamba; tratar de convencer a los angolanos de que hicieran lo mismo; mantener la exploración en los accesos al poblado y prestar atención a los movimientos de tropas del enemigo en la provincia de Moxico.

“...En Luanda, a las 9:00 horas, se presentan a una reunión con el presidente José Eduardo dos Santos el embajador cubano Puente Ferro y el jefe del Estado Mayor de la Misión Militar cubana en Angola, coronel Amels Escalante. Para sorpresa de los dos cubanos, allí está también el jefe de la Misión Militar soviética, general Konstantín. Inmediatamente después llegan el Ministro de Defensa de Angola y el coronel N’Dalu, jefe del Estado Mayor General de las FAPLA.

“Primero entra al despacho presidencial el embajador, y hace entrega oficial del mensaje enviado a Dos Santos por el Comandante en Jefe. Posteriormente, pasa el coronel Escalante y explica en detalles la apreciación realizada por la máxima dirección cubana respecto a la situación actual en el plano militar, que fundamenta la decisión de evacuar a los internacionalistas de Cangamba, la propuesta de hacer lo mismo de inmediato con los combatientes de las FAPLA y detener la operación en marcha en la provincia de Moxico.

“El Presidente expresa su acuerdo con Fidel, e indica que hagan pasar al general Konstantín. El jefe de la Misión Militar soviética solicita la palabra y emite una opinión que causa sorpresa y también disgusto entre los cubanos. Plantea que, como política, a lo mejor podría aceptar la idea, pero como militar no está de acuerdo con detener la operación, pues a su juicio están creadas las condiciones para explotar el éxito, por ejemplo, con la introducción en combate de más fuerzas, incluida la brigada de desembarco y asalto que acaba de llegar de Cuba.”

“El coronel Amels Escalante le recuerda las muchas dificultades surgidas con los suministros durante los difíciles días del ataque enemigo a la aldea. El militar soviético apela al reciente arribo de un avión IL 76, cargado de cohetes C 5, a lo que el cubano contesta recordándole que antes hubo que traerlos desde Cuba, pues en el momento necesario no se contó con ellos. Ante el cariz que toma la reunión, Dos Santos opta por darla por terminada y postergar la toma de una decisión definitiva.

“Pocas horas después, al mediodía, el general Konstantín se presenta en la jefatura de la Misión Militar cubana. Pide disculpas por la forma en que había expresado sus criterios en la reunión con el Presidente y reconoce que antes de emitir una opinión como esa, debió estudiar profundamente la situación creada.”

La explicación del historiador es clarísima. La embarazosa situación se había creado y era realmente seria por sus implicaciones en cualquier sentido. Todo estaba en riesgo, y se hizo necesaria una fuerte dosis de firmeza y sangre fría por parte del mando cubano.

En el propio libro, tomando distintos momentos del mismo, se va explicando la esencia:

“Coronel N’Dalu:

“No hay unidad de pensamiento y cuando existe ese problema unos tienen una idea y otros... Se da gran importancia a hablar de ‘soberanía’, pero es difícil tener tanto territorio, no tenemos tropas suficientes. No es solamente Cangamba, hay muchas posiciones que en realidad se está allí para decir que estamos, pero estratégicamente no tienen importancia. Podemos esperar para más tarde hacer otras ofensivas. Discutimos entre nosotros en el Estado Mayor, con el Ministro de Defensa, y no hay unidad de criterios. Por eso, en determinado momento algunas decisiones demoran porque hay que convencer a las personas, ya que si una unidad se retira y acontece algo, los otros dicen: ‘Ocurrió por culpa de los que pidieron la retirada’; si se queda y pasa algo: ‛los culpables son los que dijeron que las tropas se mantuvieran’. Realmente nosotros debemos defender las áreas más pobladas, de mayor interés económico y social, y dejar para más tarde los territorios que, estando allí la UNITA o nosotros, la balanza no cambia. Ellos dicen que controlan, pero en realidad no están allí, lo que sí saben que nosotros no estamos tampoco.”

El autor reseña los documentos oficiales del MINFAR:

“El Comandante en Jefe, después de meditar un breve tiempo, indica transmitir al jefe de la Misión Militar cubana los siguientes argumentos. Se pregunta qué sentido tiene ahora permanecer en Cangamba. Ha quedado demostrado que la cifra de helicópteros y aviones de combate y transporte existentes en Angola, al igual que los aseguramientos disponibles para estos, resultan insuficientes para garantizar el apoyo a una operación de gran envergadura a la enorme distancia de las bases aéreas a que se encuentra la pequeña aldea. Más complejo aún resulta, como se ha visto en la práctica, garantizar el avance por tierra de tropas de refuerzo, también ubicadas a cientos de kilómetros que hay que recorrer por caminos intransitables e infestados de enemigos. Si extraordinariamente difícil ha sido desplazar los destacamentos blindados en la temporada de seca, no puede ni soñarse con un movimiento de tal magnitud en la época de lluvias que ya se aproxima.

“Se ha obtenido un gran éxito, y no sería racional aspirar a más en este momento... Medita sobre los días amargos pasados durante el cerco y peligro de aniquilamiento del pequeño grupo de internacionalistas, y alerta sobre la necesidad de ser realistas y no dejarse arrastrar por la euforia que siempre acompaña al triunfo: ‘No podemos dejar que la victoria se convierta en un revés’.

“El jefe de la Misión Militar cubana muestra su acuerdo, y se decide la rápida evacuación de los internacionalistas cubanos destacados en Cangamba. Inmediatamente, el Comandante en Jefe redacta un mensaje personal dirigido al presidente de Angola, José Eduardo dos Santos” (el impugnado por el general Konstantín), “en el que, a partir de los mismos razonamientos compartidos con el general de división Cintra Frías, le plantea la necesidad de que las FAPLA también evacuen las aldeas de Cangamba y Tempué, a la vez, lo perentorio que resulta fortalecer la defensa de Luena, Lucusse y Kuito Bie. Ante la realidad existente, le comunica la decisión de retirar a todos los cubanos de Cangamba en un breve plazo. También le sugiere posponer hasta la próxima temporada seca cualquier acción ofensiva en la región de Moxico, y concentrar por el momento los esfuerzos en la lucha contra el enemigo en el inmenso territorio que separa a la ciudad de Luanda de la línea que defienden las tropas internacionalistas cubanas en el sur del país, zona que la UNITA considera su segundo frente estratégico.

“A la vez, el coronel Amels Escalante comunica al jefe del Estado Mayor General de las FAPLA y al jefe de la Misión Militar soviética en Angola, la decisión del Comandante en Jefe de detener la operación que desarrollan las tropas internacionalistas cubanas, ante las dificultades con el desplazamiento de las columnas, los problemas de aseguramiento, sobre todo para la aviación, y la proximidad de la temporada de lluvias. Poco después el embajador Puente Ferro y el coronel Escalante se reúnen con el Ministro de Defensa para transmitirle la misma información.”

El coronel Amels Escalante tenía esperanza de que el coronel N’Dalu, jefe del Estado Mayor de las FAPLA, comprendiera la necesidad de retirarse de Cangamba.

El general de ejército angolano Kundi Payhama, combatiente angolano de excepcionales méritos, le contó al autor: “Había hermandad, había fraternidad, y todo lo que se hacía aquí, se hacía con un sentido diferente. La amistad, el cariño, el sacrificio, la entrega de los compañeros cubanos al dejar aquí su sudor, su sangre, no tiene precio. Que se diga que somos hermanos de facto y eternamente. No hay nada, nada en este mundo que justifique que algo se meta en medio de la amistad entre Angola y Cuba.”


Share/Save/Bookmark

LEER MÁS